El apagón de Internet a escala nacional en Irán ha superado las 130 horas y entra en su sexto día, mientras la tensión sigue aumentando en todo el país. El bloqueo casi total, impuesto el 8 de enero, se considera de forma generalizada un intento de las autoridades de reprimir las protestas antigubernamentales e impedir que la información llegue al exterior.

Un apagón de Internet suele consistir en restringir el acceso de los usuarios, bloquear determinadas plataformas o cortar por completo la conectividad. Uno de los métodos más eficaces es el bloqueo de direcciones IP, que altera el sistema de enrutamiento de Internet y aísla a los usuarios de la red mundial. En Irán, este proceso se ve facilitado por el firme control que ejerce el Gobierno sobre la infraestructura de telecomunicaciones.

Gran parte del tráfico de Internet del país se enruta a través de la Telecommunications Infrastructure Company, controlada por el Estado, y de la National Information Network, un sistema centralizado diseñado para vigilar y controlar el flujo de datos que entra y sale del país. Esta configuración permite a las autoridades iraníes bloquear rápidamente servicios en línea o imponer apagones generalizados cuando se intensifican los disturbios.

Los expertos advierten de que los apagones de Internet tienen consecuencias graves. Las sociedades modernas dependen de la conectividad digital para la comunicación, el comercio, la sanidad y la seguridad pública. Incluso las interrupciones breves pueden paralizar servicios esenciales, mientras que los apagones prolongados pueden causar daños económicos y sociales duraderos.

El apagón de Irán forma parte de una tendencia mundial más amplia. Desde enero de 2024, los gobiernos de todo el mundo han impuesto al menos 97 apagones intencionados de Internet, según la Internet Society.

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